24 abril 2008

Ojos

A tus ojos los llamo por su nombre,

cuando lo hago

saltan y menean la cola mientras me observan;

algunas veces pierden el equilibrio

estrellándose contra la hendidura de tu cuello

cual granadas abiertas…

desaparecen.

Si tengo paciencia espero su retorno,

me aburren,

siempre cuentan la misma historia

sobre la princesa que se tragó al sapo,

son insoportables,

devoran la vida a pedazos con cada palabra;

cuando ocurre quiero tomar mis tijeras,

sacarlos y meterlos en la bolsita negra que llevo conmigo,

lo evito y callo.

Ayer, pasé por tu cuerpo y no estaban,

en su lugar colgaste un letrero que decía “fuera de servicio”,

escribí una nota que metí por tu orbita derecha

donde un par de rosas azules

gritaron que te habías ido a buscar balas de plata

para meterle a tus iris

como remedio contra el recuerdo.

Quizá, hoy me digas de una vez por todas

qué haces con tanta ceguera.

28 marzo 2008

Anónimo

Hasta el día en que los fantasmas

puedan amarse en una mirada,

nos volveremos a encontrar...

22 marzo 2008

Sobre la Investigación en el arte

Cuando divisamos un encuentro irremediable con el arte, nuestra primera impresión —subjetivada— pareciera hallar respuestas a cada una de las interrogantes que fueron planteadas antes y durante el descubrimiento. Esta firme impresión constituye un beneplácito para el espíritu; pareciera, que en apenas unos segundos toda la “verdadradica en nuestra interrelación con la obra; la misma, que habremos de hacer nuestra porque la impresión nos obliga apoderarnos de ella bajo la forma del gusto. Analíticamente el término transferencia acciona cada una de nuestras respuestas, que han de requerir la presencia de un referente (las acciones pueden activarse hacia la obra misma o el autor) que se constituye, en parte, como el verdadero detonante afectivo.
No hay ingenuidad en el espectador que emite una respuesta, sea cual fuere, frente a una obra artística.
Por lo tanto, el saber científico-analítico no escapa de la admiración y el gusto hacia el objeto. Ante esta situación no ha de ser condenatoria la actitud del autor que se presenta apoyado, primeramente, en la transferencia, concepto lacaniano que nos ayuda a entender como la experiencia gozosa encontrada y experimentada ante la obra de un artista; mas, cuando se plantea la necesidad acuciosa de la investigación el gusto pasa a formar parte de los ya mencionados referentes, es decir, permanece vaporoso, casi etéreo sobre la solidez de los planteamientos. A modo de resumen: las sensaciones expuestas frente a un objeto artístico como producto de una interrelación mnemónica e instintiva y que pretende constituirse científicamente, deberá conducir correctamente todo ese potencial creador, dirigiéndolo hacia discusiones y resultados concretos.
La investigación nace, como ha de suponerse, de un gusto, a veces muy personal (en mi caso hacia lo erótico y la representación del cuerpo) por lo cual tenemos la responsabilidad de dirigir éste impulso inicial hacia el reconocimiento de significados, que en una primera instancia fueron percibidos por el instinto, y que nos permitirán objetivamente aportar nuevas interpretaciones a la obra de un artista, para finalmente, trascender a la obra misma y considerar al TODO, vida y obra del artista como un conjunto inseparable dentro de la experiencia estética.