22 julio 2008

Del amor y las malas costumbres

II PARTE

Amar es un sentimiento manoseado —y no con ternura— por el execrable dogma de los que creen saber qué es amar. Este sentimiento es tan anhelado que algunos rezan a Dios (yo personalmente prefiero hacerlo a Hécate o al Diablo) para que los ilumine con la dicha de su presencia, y así, de una vez por todas, darle sentido a su aburrida vida. Pareciera que más que un sentimiento, amar es uno de los tantos requisitos del programado ciclo vital, donde debemos crecer, ser exitosos, formar una familia, reproducirnos y morir, seguros de que con esto nuestra misión está cumplida. Como si amar y que te amen fuera tan fácil. Aunque no descarto que tales sucesos puedan ocurrir, ciertos hechos, casi científicamente observados, me dicen que una vida con tal recato y virtud es de muy improbable realización. Delirios de un loco antropófago que cree que la moral y las buenas costumbres son palabra común. Así que, mi ofuscado y mal llamdo amante te digo que en la realidad ocurre todo lo contrario, el amor puede ser todo menos una buena o sana costumbre.

Muy personalmente considero que el desconocimiento del amor ha de comenzar con la mala utilización de conceptos, iniciada en la creencia de que este es “una fuente de inagotable aceite”, que jamás habrá de faltar en nuestras vidas, que perdurará “hasta que la muerte nos separe”. Anticipadamente, debo aclarar que acá no hablamos del amor filial[1], el de los amigos o del sentimiento que aparece cuando tu mascota responde a una caricia. Nuestro amor es el más descarnado, el mismo que te sacude el alma —si es que tenemos una— porque ella no es lo suficientemente grande para entenderlo, el amor que en vez de amante nos debería colgar el título de masoquistas, verdugos o idiotas; en pocas palabras, el amor de los cuerpos y las pasiones (las más bajas y las más elevadas).

Nuestro principal problema es que esperamos demasiado del amor, y de quienes vienen con él. Suponemos que hay que hacer muy poco para merecerlo. Esperamos que quien nos ame nos conocerá mejor que nosotros mismos, nos pertenecerá y nosotros a él. No existirá lugar para los secretos. Sin darnos cuenta pasamos de pronombres personales a pronombres posesivos y creemos que la gloria será fundirnos con el otro hasta perder la identidad. Gravísimo error. ¿Si no nos conocemos, cómo pretendemos que otro desgraciado mortal lo haga? El amor es un sentimiento, que ha de ser gozado antes de ser entendido, supremamente egoísta y manipulador. En él no hay espacio para princesas encantadas ni príncipes azules sin defectos. Los que participan en este juego somos antes que nada humanos, llenos de dogmas, creencias y supuestos, quienes en cuestiones sentimentales utilizamos el instinto más que la razón.

¿Cómo confiar en algo que nace del riesgoso acto de la pasión?

El que ama ha de entender que amar es un riesgo porque nuestra carne queda expuesta y vulnerada cuando se entrega a otro. Pero quien sabe amar camina gozoso al cadalso. Sabe de la gloria que se adquiere en el dolor, el mismo que habrá de abandonarse cuando ya no ofrece lección o conocimiento alguno. No espera nada, sólo ama.

Y se ama con cada parte de tu ser. El amor incluye piel, sexo y comprensión. Ni más ni menos. Se entrega todo y se pierde todo. Es por ello que planteo que éste habrá de nacer del egoísmo (es el concepto más cercano que he encontrado y el de más fácil entendimiento mas eso no quiere decir que sea el ideal, pero como somos humanos no hay de otra…) más exacerbado y radical que pueda existir. No concebido en un concepto de ingratitud sino del estado necesario para entenderlo en su gran envergadura. El amor nace en el quererse a sí mismo, en la no dependencia existencial, sentimental y racional en el otro. Seamos egoístas sentimentales. Cuando aprendemos que primero debemos purificar el sentimiento en el egoísmo y la individualidad, amándonos primero a nosotros, seremos aptos para amar a otro humano ser. Cuando esto ocurra, dejaremos de darle nombre o títulos nobiliarios al amor. Lo llamaremos por nuestro nombre, transcendiendo y dejando, que en vez de llevarnos a un superfluo estado de felicidad, no acerque a un estado de completa paz. Donde no se espera nada, ni de él ni del otro. Sin odios, ni temores, ni tiempo, sólo amando… difícil empresa pero no imposible.


[1] No me interesa hablar del amor matrimonial porque considero que éste, como institución legal que es, debe manejarse como un negocio cualquiera. En él, antes de utilizar el corazón deberíamos utilizar la cabeza. Buscar el “socio” adecuado, jamás el amado, el que ofrezca mayor porcentaje de seguridad y efectividad, para así, evitar pérdidas de tiempo y dinero. Por supuesto, como en todo negocio, el riesgo estará siempre latente y el éxito no está del todo garantizado.

4 Íncubos o Súcubos:

luis dijo...

como he amado y creo que me han amado, he tenido que pensar algo sobre ello
Tenia que saber que pasaba, claro que me lei el libro de fromm, pero aun no estaba satisfecho con el.
y me puse a pensar. Nosoros somos demasiado vulnerables cuando somos niños y hace unos 50,000 años el promedio de vida era 30 años, por lo tanto gastabamos un porcentaje importante de la vida, cuidando y alimentando a nuestras crias.
Ya antes nuestros antepasados fueron programados para querer cuidar a las crias, y por eso sentimos ternura por los bebes y todas sus facciones y olor estan hechos para que queramos estar con ellos.
Pero una madre sola no puede alimentar a un niño, y tampoco un macho lo puede hacer solo, por ello somos animales sociales.
¿pero como mantenemos a una pareja unida el tiempo suficiente como para que el niño pueda alcanzar la edad donde el mismo pueda buscar su alimento?
se mnesecitaba un mecanismo, ese mecanismo te lo puedo asegurar no fue creado en nosotros, si no tal hace 2 0 3 millones de años por alguno de nuestros ancestros, y es lo que podemos llamar amor, aquellos que lo sentian, estaban con su pareja y alimentaban a su prole, por lo tanto tenian mas probabilidades de sobrevivir que aquellos que no amaban a su pareja. y por lo tanto ese comportamiento se esparcio en nuestros genes.
eliminando toda la pajita podemos decir que amar es desear estar con esa persona, sentirse comodo con ella y poder trabajar por un mismo objetivo; criar a la prole.
esa es la funcion oculta del amor, desde las cruzadas -y por razones ecologicas- se esparcio la idea del amor romantico, la cual se aha convertido en nuestra manera de ver el amor.
sobre esto puedo hablar mucho y quizas lo haga, el asunto es que ya me estoy haciendo muy antipatico y si les explico con calma todo eso me llevan a la hoguera. La evidencia circunstancial que tengo en apoyo a mi hipotesis es que el amor comienza a disminuir luego de un promedio de 6 años (promedio) que es mas o menos la edad cuando nuestros niños ancestros podian ir saltando por la selva para comer todo lo que encontraran en el camino.
el resto, todo lo demas ha sido una construcion cultural para adornar y racionalizar un hecho simple.
cuando tenga tiempo escribire sobre ello, pero quizas sea la proxima semana

Daniel Rico dijo...

Hola Aspacia

¿Aspacia no era la novia de Pericles?

Decia Oscar Wilde que la diferencia entre una pasión fugas y un amor eterno es que la primera duraba mas.

Tu caracterización del matrimonio como sociedad conyugal me suena muy romana, como vos sabes , para ellos era una falta de elegancia tener una relaciçon sentimental con la propia esposa. Los casamientos eran una cuestión de negocios entre familias. Los pobres, hablo por mi, no poseemos nada que compartir, por eso solo nos podemos casar por amor.

Comparto plenamente tus consideraciones sobre el riesgo y la confusión con la posesión , pero me pregunto, ¿es el amor una experiencia para todos?,¿no debieran los espíritus débiles evitar el riesgo?

Un abrazo y quedo a la espera de la continuación de tus interesantísimas consideraciones.

ASPASIA dijo...

Mi querido LUIS realmente me ha costado entender tu discernimiento ; mas cuando creo haberlo comprendido me veo en la obligación de decir que para mi eso no es amor sino instinto. El amor nace con el hombre conciente. De que la reproducción sea una consecuencia secundaria es otra cosa, pero lo que tu has descrito es el espiritú de la supervivencia. El amor se alimente del cuerpo, de la imaginación, del sexo, y del individuo. Como dice Octavio Paz "el sexo es la raíz, el erotismo es el tallo, y el amor la flor. ¿Y el fruto? Los frutos del amor son intangibles. Éste es uno de sus enigmas"...
Un enigma humano que como todos ha de evolucionar con el tiempo. Puede transformarse, crecer o simplemente morir, eso depende de cada uno de los participantes.

Ahora, DANIEL, sí estás en lo correcto Aspasia fue mujer de Pericles. Creo haber hablado de ella en uno de mis primeros post, donde por cierto mencionaba, entre otras cosas, que Demostenes una vez dijo "Tenemos a las heteras para el placer, a las criadas para que se hagan cargo de nuestras necesidades corporales diarias y a las esposas para que nos traigan hijos legítimos y para que sean fieles guardianes de nuestros hogares.". Frase que en cierta forma sustenta la idea del matrimonio como un negocio (¿acaso olvidamos que lo que se firma a la hora del casamiento es un contrato?)
Con respecto a lo de los espíritus débiles yo le agregaría que no sólo estos deben evitarlo, el amor, contrariamente a lo que se piensa, no es para todos. Y, aunque suene prepotente de mi parte, yo diría que es para espíritus selectos, sibaritas del placer y del dolor.

Anónimo dijo...

Cielos! Hija, me encanta cuando sueltas esa mano al aire, blandiendo la pluma implacable. Cuando con la entraña escribes de eso que, a pesar de los pocos años, conoces!

Mis respetos!