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03 julio 2012

Guía para mi entierro

El día de mi muerte desechen las flores,
si dolor es lo que sienten
pies lapizy honor quieren hacerme,
arranquen las páginas de sus libros preferidos
ellas serán mi lecho.
Antes que la redondez mortuoria llegue,
metan puñados de rayuelas en mis órbitas
sin olvidar las dos monedas para Caronte
y el trago de ron para el buen viaje.
No quiero llanto,
quiero risas y fiestas.
Sepan que la vida no termina en la urna
sino en el olvido.
Los quiero blasfemos, paganos, beodos, lúdicos…
que cuando el fuego consuma mi carne,
ese cuerpo con que tanto disfruté,
alcen la copa y digan:
"¡Bruja, tú sí que sabías escribir!"

24 agosto 2008

Sireno


Y la sangre zurció el ancho río de una existencia perdida, llenando el semen-terio con héroes de latón...

27 febrero 2008

Cripta traspapelada

Esperando tu muerte, mi muerte, Muerte lenta, Muerte continua, cálida, delgada, ¿mortal?. Muerte Negra, algunas veces mestiza. Muerta de risa, de dolor, de llanto pero no creo que de amor. Hoy espero mi muerte, a ti, muerte ridícula, por la hora que me colgaste en el pecho. ¿Acaso la perdiste?
 
Aquí yace quien en vida fuera madre, esposa y refinada ciudadana de bien. Una mujer de fecunda bondad y elevado corazón, cuya correcta moral jamás fue objetada. Nadie puede hablar de sus pecados. Hoy creo que jamás ostentó alguno. esta mujer, cuyo rostro pronto reconoceremos entre la multitud divina, fue una de las almas más elevadas de la comarca, portadora de las palabras medidas, del aliento inspirador. Jamás supo de rencores ni odios. Siempre estuvo ahí para extender sus manos al necesitado, para tender su cobijo y amor sin esperar nada a cambio. ¡Oh Señor, qué desgraciados nos haces al habértela llevado! ¿por qué nos abandona cuando más la necesitabamos?.¡ Oh señor, tú que sabes de justicia, danos el consuelo que hoy necesitamos! porque al no tenerla más con nosotros sabemos que TÚ nos has abandonado.

12 febrero 2008

Orfeo

Camino en silencio:
buscándote;
desciendo al infierno:
llamándote...
¿amándote?
El sacrificio perdona las culpas,
lava el dolor,
Tu boca absuelve el pecado.
No me interesa.
Aún soy vagabundo
sin rumbo,
sin llegada,
sin camino,
con un cuerpo que aún
continúa mutilado.

13 noviembre 2007

Un cádaver para la compañía

Entre delirios, suspiros, pesares y dolores, dimos vida a un muerto poético. He aquí su rostro:
Cuerpos de otoño
La noche como eco,
tu sonrisa enmarca la sombra del visitante
mientras las hojas, el campanario y eso,
que permanece quieto, enmudece,
la picaresca brisa juega con tus cabellos
para trenzarlos entre mis dedos
y sé que respiro, del aroma exorbitante,
esa piel como nudo entre mis cejas,
sé que te respiro...
que penetras mis ojos
y te escapas por mi boca...
Pero luego desfallece, la esbelta sombra tu morada,
y mi jardín, cual oasis seco, primitivo, fútil, veloz, sin retorno
Las llamas donde ha de consumirse el presente,
la tortura de tenernos, de perdernos,
mientras dure la palabra
y sepamos refugiar,
aquellas dosis del esperado (re)nacimiento
He de pulir nuestras voces,
abrir el ojo, vespertinado encuentro,
abrazarnos tras la brisa,
permanecer en silencio,
dilapidar a gritos el acantilado,
la marea,
ahogarme en tu profundidad,
retirar las hojas de tu cuerpo,
arrastrarte conmigo,
devolverte al Olimpo,
cerrar tu ojo,
dormitar en la partida,
devorar al fin, esa tarde, maravillados espectros,
unos labios que se chocan,
beben el polen de este matiz,
tu calor,
mi vida
autores: PG y GS

05 noviembre 2007

Borrador

20 septiembre 2007

Mediocre...


Te levantas de la cama,
miras a través del reflejo de tu instante abandonado,
dejas de pensar para sumergirte en el estupor de los recuerdos
sin fijar memoria en tu simpleza.
¿Acaso necesito gritarte al oído lo que significa tener la piel desprendida,
el renacer entre la muerte,
el vivir olvidado?
No lo entenderías…
¡Escucha!
¡No te necesito!
me eres indiferente;
hasta tu nombre he olvidado.
Es que soy feliz cuando yaces distante sin que tu cuerpo me toque.
A pesar de las veces que he azotado las puertas contra tu cara,
insistes en entrar, arrastrado, por la ventana para subir al cuarto
abandonando tu cuerpo en el pozo insensible de la rutina.
Sólo he de repetirlo una vez más:
¡Deberías Morirte!
¡Suicidarte!