03 julio 2012

Guía para mi entierro

El día de mi muerte desechen las flores,
si dolor es lo que sienten
pies lapizy honor quieren hacerme,
arranquen las páginas de sus libros preferidos
ellas serán mi lecho.
Antes que la redondez mortuoria llegue,
metan puñados de rayuelas en mis órbitas
sin olvidar las dos monedas para Caronte
y el trago de ron para el buen viaje.
No quiero llanto,
quiero risas y fiestas.
Sepan que la vida no termina en la urna
sino en el olvido.
Los quiero blasfemos, paganos, beodos, lúdicos…
que cuando el fuego consuma mi carne,
ese cuerpo con que tanto disfruté,
alcen la copa y digan:
"¡Bruja, tú sí que sabías escribir!"

15 mayo 2012

Equipaje de mano

     Con el coño aún palpitando apenas pude sentir el beso de bienvenida. — ¡Qué Dios me la bendiga!—. Aprieto las piernas para volver a sentirlo dentro. —Tienes un culo precioso —susurró para que no lo escucharan— Un señor culo—. Éramos amigos desde la infancia cuando descubrimos que correr por el campo era descubrir el filo de la existencia, que el corazón podía cambiar de lugar, que el sudor nacido en la frente puede inundar cuellos, brazos y pechos. Aquel día creí que era sudor lo que sentía en la cara interior del muslo. — ¡Gané! —grité con fuerza cuando vi que se detuvo. Asustado, me recostó sobre el suelo, al mismo tiempo descubrí el olor de la piel que se abre para despedir almizcle. Absorto metió su dedo en mi boca para humedecerlo, siguió la dirección contraria a la sangre, limpiando todo y dejando una mancha rosácea tras de él, llegó al origen, hundió un poco y preguntó — ¿te duele? —. En medio del repugnante aliento a dentífrico, tomó entre sus dientes el lóbulo de mi oreja —Tu coño huele a virgen. No te preocupes, quedará intacto, no seré yo quien lo use; en cambio, esto sí que me provoca—. Bajó su rostro hasta mis nalgas, acarició y lamió con malsano deseo; se incorporó y enterró su codo en mi espalda hasta voltear mi rostro hacia el pasillo; desabrochó su pantalón; mi respiración aumentaba al ver el resplandor de la carretera colarse entre las cortinas, podía sentir cómo sus dedos hurgaban tras la búsqueda de la dilatación precisa; apagó mis quejidos con su boca —No queremos que se despierten— dijo. En la estación de servicio lo observé, desafiante, camino al baño. Él disfrutaba llevar la bragueta abajo exponiéndose ante todos, desnudo, sin ropa interior; su dicha aumentó cuando la señora de limpieza entreabrió sus labios y extendió su mano, mirándolo fijamente, para recibir el pago. Sabía que la audacia trae consigo miedo, deseo y poder. El dedo entraba y salía haciendo círculos. Poco a poco comenzaba a ceder ante su rostro de satisfacción. —Diez horas son suficientes para que te acostumbres y empieces a disfrutarlo—. Una vez más humedeció su dedo pero esta vez fueron dos los que entraron. Estiré las piernas, sin darme cuenta empecé a moverme de atrás hacia delante mientras él detenía su mano. Sabía del extraño placer que ofrece el dolor. Con su áspera voz extranjera susurró —eso es… ya te está empezando a gustar ¿estás lista para recibir un poco más? —su mano volvió a guiar mi cabeza, hasta meterlo en mi boca. El sabor y el olor eran repugnantes mas su cara de goce no tenía precio. —¡Quiero verlo!—le dije, el hombre yacía en la acera con su sucia desnudes expuesta al frío; aún así, era atractivo. Me acerqué sin hacer ruido, un enorme miembro, cuya punta destilaba semen, languidecía hacia un costado, lo toqué con el dorso de mi mano. De repente, abrió los ojos, me tomó con fuerza y me restregó contra su sexo. Una risa rancia y mohosa inundó la calle. Jesús solo observaba al otro lado de la acera mientras fumaba un cigarrillo y gritaba —¡Te lo mereces por curiosa! — al acercarse, subió mi falda, metió su mano y dijo —Lo peor de todo es que te excita—. Nuevamente humedeció con mis propios jugos la abertura. Mordió mis hombros, mi espalda y mis senos. Con cada movimiento embestía con mayor fuerza. El autobús pisó un bache en la carretera y el brinco hizo que lo metiera por completo. Los cuerpos se balanceaban con cadencia frenética, abrí los ojos para que el placer saliera a través de ellos. Uno de los pasajeros se masturbaba en el puesto continuo. Cobo lamió mi mejilla —¿ves? Todos quieren probar alguna vez un culo como el tuyo —. Un nuevo quejido corta el movimiento pero esta vez lo ahogo con mi propia mano. Cuando aún mis piernas no tocaban el suelo descubrí que rozar mi sexo al apoyabrazos del mueble producía un calor agradable y húmedo, esta vez fue el chorro caliente que inundó mis entrañas el que produjo la encantadora sensación de abundancia y satisfacción. El conductor anuncia la parada. Desde la ventana puedo ver a mi abuela y a Jesús esperando en el andén. Recojo mi sábana y me despido como si nada hubiera pasado. Aprender a caminar con dolor me produce risa. La abuela me recibe con su acostumbrada alegría mientras dibuja una cruz en mi frente. Jesús toma la pequeña maleta y mira con suspicacia al hombre que se acerca y murmura —Ahora puedes cogerte a quien quieras.

06 mayo 2012

Guillermo Tell

medusa (7)
Medio cielo
vuelve la mirada
la saeta traspasa los dientes
sale del sueño
Brida
          y
             Cabeza 

09 marzo 2011

Filosofía Culinaria

Consideraciones a la hora de tomar bocado.

1.- Es ley absoluta, como la ley de gravedad, que la mejor hayaca la hace MI mamá.

2.- Mientras más viejos sean la máquina y el vendedor mejor será el café.

3.- Dime qué café tomas y te diré quién eres.

4.- El tiempo invertido en calentar la leche es directamente proporcionar a la calidad del marrón.

5.- Unas buenas caraotas poseen la contundencia y la sencillez de una obra maestra.

6.- El mejor ayudante de cocina que puede existir: un cuchillo bien afilado.

7.- Desconfía de todo aquel que se niega el placer de comer.

8.- (variante de la anterior)  Desconfía de aquel que vive para comer.

9.- El último acto de barbarie al que todos tenemos derecho: comer pollo con las manos.

10.- Doy gracias por los amigos que saben cocinar.

araki1

26 febrero 2011

Soliloquios (parte 2)

Diane20Arbus201966Enfermo: –Morir: Desaparecer en  medio de un orgasmo eterno sabiendo que a pesar de la promesa deseas continuar sufriendo… viviendo.

No concibo la idea de obtener alguna satisfacción al dejar de existir. Imagina a un niño a quien, acabado de nacer, debes de informarle que en medio de esa celebración de vida él y sus circunstancias desaparecen de un momento a otro como si jamás hubiera existido. Cómo explicarle que el vivir y el morir, aunque aparentemente contrarias, son las caras de una misma moneda que por si fuera poco no posee ningún valor.

Por ello fue que los hombres inventaron las religiones. La promesa de la vida eterna después de la muerte no es más que un distractor para quien no puede asimilar lo fútil de su propia existencia.

Comentario del Autor: siguiente…

15 enero 2011

Soliloquios (parte 1)


1.-
Escritor: --Tres de la madrugada y aún la sombra permanece anclada en la pared... Sólo dos páginas escritas, una mano desnuda, incoherencias, pérdidas de memoria; pero, la historia está completa: Ellos han hablado.

Comentario del Autor: Quien enfrenta la escritura con el arrojo del mártir, concebir ideas, estructuras, personajes  e historias, es una problema que rebasa los designios de la técnica o el estilo. Algunos hablan de inspiración, otros de genialidad pero a ciencia cierta no existen fórmulas definitivas.



Bettie Page


2.-
Irene: --Es que todos me salieron con el mismo cuento “tú necesitas a alguien mejor que yo”. Pero ¿qué coños querían si siempre los quise a ellos?con sus virtudes y defectos, y miren que defecto era lo que le sobraban: José fumaba en la cama, Carlos se iba con sus amigos, a Jonás le olían los pies, Rubén no sabía hablar... pero eso jamás me importó, yo los amaba. Pero no. Ninguno quiso mentir como ordena la ley: decir que me amaban, poner el anillo en su lugar y darme el puesto que merezco. Hasta les di la oportunidad de tener una aventura al mes, eso sí sin corazón porque lo contrario sería montarme cachos. Es que era muy fácil entregar todo a cambio de tan poco...

Comentario del Autor: La mujer de los 15 a los 20 piensa “me casaré con quien yo quiera”. De los 20 a los 25 “me casaré con quien me quiera”. De los 25 a los 30 “me casaré con quien Dios quiera”. De los 30 en adelante “me casaré con cualquiera”...

03 noviembre 2010

Quiero

Hoy me levanté con enormes ganas de hacer el amor, contigo.
De desnudarnos, anudarnos y amarnos como antes… como siempre. Hoy, quiero volver a creer que nos deseamos, que somos cuerpos sin dueños, simplemente un par de seres que se tienen ganas.
Hoy quiero enamorarme de ti, creer que soy la única en tu vida, amarte cual adolescente.
Tengo ganas… de odiarte, de saber que me engañas, que me mientes, que eres esclavo de tus ofensas; en fin, tengo ganas de despecho, de alcohol a media luz, de infortunios y vacíos…
¡Sentir!
Con el paso de los años la piel pierde elasticidad y memoria de sensaciones. Hoy ni siquiera la palabra amor se queda en ella. Punto de no retorno, abismo de la insensibilidad rebosada… desalmada.

01 noviembre 2010

Lobo

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Aferrado,

como un niño al pecho de su madre,

te sostienes al cuerpo de una mujer.

Los cazadores no saben de olvido,

cobijan sus años con pieles de presas nuevas

utilizan la luna para guiarse

entre la espesura de oscuras melenas.

Eres el último de tu raza.

Aprendiste entre esclavos malayos

que la mejor forma para espantar olores

es colocar tu lengua encima del pecho de una hembra,

varias veces lo has intentado,

la llaga retorna,

el almizcle que alojaban aquellos muslos

vuelve a brotar.

Coges el cuchillo,

Abres la pierna y el pecho,

sacas lo que queda.

Los ojos se parten

y en tu boca

una oración entona.

Expiación.

28 agosto 2010

Melancolía

20060205112048-modiglianiCargo una melancolía de huesos,

dura y pesimista,

escondida bajo las uñas,

de esas que obliga a llevar

las manos en los bolsillos.

Sueño.

Hasta parece que huye

en el agua que escupo,

en el cigarro que fumo.

Pero no,

continúa ahí, latente,

asechando tras cada pliegue,

dispuesta a reaparecer.

Temo.

Aprieto fuertemente los puños;

si no ha de soltarse

por lo menos puedo ahogarla.

Tomo las calles.

A la melancolía hay que cansarla,

ponerla a dieta,

comprarle ropa,

llevarla al psicólogo.

Duele.

Ni muere ni cambia de look.

Produce cólicos de llanto,

espasmos de sentires,

fiebre de recuerdos,

dolores prementales.

Para espantarla coloco compresas

de piel caliente sobre la espalda,

tomo infusiones de fe,

de lo que puedo haber sido y no fue,

entono oraciones de culpa,

resignación y perdón.

Nada.

Sólo olvido.

ASPASIA

06 agosto 2010

Script o el masoquista cinematográfico

WilsonPlushbr8inchGrumpsterEdition_large_image1_9848

Términos como armonía, ritmo, movimiento o silencios, podrían adjudicarse exclusivamente al mundo musical; mas, para nuestra fortuna, pertenecen a la universalidad del hombre como parte del latir interno de su existencia y cuya manifestación, más próxima y tangible, es la creación: el arte. Como si fuera una sinfonía, la creación necesita individuos que sepan (re)conocer la constitución interna de una obra, cuál es su lenguaje, cuáles son las herramientas adecuadas para su máxima expresión y provecho; alguien que sepa mantener el silencio o denunciar el ruido, ser memoria y testigo de lo que, algunas veces sin ser obra propia, pertenece a la unidad expresiva de un hombre o varios; y en el campo de la cinematografía ese papel está reservado al Script.

Script, personaje peculiar asociado tradicionalmente a la “minuciosidad” femenina. Encargado de mantener la “objetividad” visual e interna de la creación cinematográfica. Piedra en el zapato de la improvisación y la falta de memoria. Cuaderno de notas humano a quien se acude ante, durante y después de un rodaje. En fin, aquel o aquella que se transforma en conector a tierra mientras el director, camarógrafo, director de fotografía, actores y/o cualquier otro “artista” hecha a volar la imaginación.

El script sabe de todo y todos saben que él sabe, por ello le adjudican características como: temple, carácter, buena memoria, bonita letra y, aunque no se dice a viva voz, paranoia. Posiblemente sea el más estresado y autocrítico de quienes laboran en una grabación pero quien al final puede respirar en paz cuando su trabajo casi roza en lo perfecto… y ¿aún me preguntas porqué quiero ser script?.

Oraciones para una pagana inmoral


images3En mi religión entonamos tangos y boleros,
comulgamos con el cuerpo del otro y el ron,
por el tiempo que dure. Amén



En el nombre de La Lupe, Mae West y Callas.
Amén

Padre Sade que estás en el suelo, santificada sea tu piel, venga a nosotros tu perverso infierno, hágase tu voluntad, acá en la pierna como en el fierro. Danos hoy nuestro culo de cada día, No perdones nuestras inocencias como tampoco perdonaremos a los inocentes. Déjanos caer en tentación, y líbranos del bien moral. Amén

21 abril 2010

El Informe

19049

¿De todas las cosas que podía ocurrir hoy, porqué tenía que olvidarme del informe si lo había dejado encima de la mesa? Y pa’ colmos, mi gran bocota que prometió entregarlo esta tarde. Otra vez una llamada pérdida, ¡que se joda!, si pregunta le diré que no lo escuché. Mierda, que calor hace. Coño, tú sí que tienes bolas de colearte ¡Sáquelo señora, es un coleado! Al fin... ¡No empuje, vieja gorda! No joda, parada y con esta peste al lado, ¡viejo cochino!... Coño’elamadre, carajito, pisa cinco centímetros más abajo. Otra llamada pérdida, ¿acaso no hay nadie en esa oficina qué arregle las vainas?... Tengo una hora para llegar y volver con el maldito informe. ¿Por qué no lo guardé en el correo? ¡Mierda! ¿Pero qué es este olor? Es horrible. Me duelen los pies. ¡No joda! De regreso agarro un taxi. Permiso, permiso, ¡quítese vieja gorda! ¿Otra llamada más? ¡Jódanse! ¡Guácala! aún siento el olor de ese viejo, a pescado podrido… a… ¡Asco!. Las llaves, ¿dónde coños metí las llaves? ¿Dónde está la mierda esa? Ajá… está bien… completo… ¡No joda, no aguanto éste olor! ¿Qué demonios es lo que pasa? ¿Se me pegó en la ropa?... ¡Coño, que se jodan!...llegaré tarde, necesito quitarme ésta mierda… bañarme. Listo… estas bragas se ven muy bien, razón tiene Pablo al decir que porto un culo con personalidad. ¿Qué? aún… ¿qué vainas es pues?... ¿y el perfume? no, mierda ahí está, sigue ahí, debajo de la nariz, en las manos, en el cuello, en todos lados… no es la ropa. ¡Maldito viejo! Agua, está ahí, más agua, debajo de la piel, jabón, ¡salte, maldita sea, salte!... No se quita, mierda pero no se quita… ¡Coño!... Aló, Matilde. No, olvida el maldito informe, no iré a la oficina.

19 diciembre 2009

The Nureyev’s

Rudolf Nureyev

La danza comienza.

Cadencia torbellina

sometida a la gravedad.

La tercera vértebra se quiebra.

Las cabezas se unen para formar

una serpiente bicéfala que

entrelaza manos sobre sus espaldas y la panza.

giran,

          giran,

giran.

Aflojan articulaciones.

¡Vuelan!

          … y caen.

Vuelven a danzar.

Oscilaciones grotescas de un cuerpo sin carne

de donde ambas piernas se desploman.

El tronco empieza a llenarse de aire.

Todo se desvanece mientras

cuatro brazos huyen sobre sus palmas.

Un delirio que se eleva

con densidad de humo.

Varios dedos que se escurren, babeantes,

por una brecha de piernas.

La música…

          stop,

el eclipse ha terminado.

10 agosto 2009

Demasiadas palabras

Desprendo la cortina que cubre mi ignorancia,

esa sombra desquiciada capaz de solapar la esclavitud a la que me someto.

El sueño muestra la renovación del mañana que espera en la puerta:

Aquella mirada perdida a través de un agujero de conejo,

un vehículo sin ruedas,

un pasajero distraído,

la señal escrita del tiempo olvidado,

sólo hay que comenzar… ya es la hora.

… /…

Estoy olvidando la necesidad de sobrevivir atada a la eterna permanencia de tu recuerdo,

cinco minutos de espera y toda una vida para volver a pronunciar tu nombre.

… /…

¿Hasta cuándo maldecir tu nombre?

… /…

Señor ¿usted verdaderamente conoce de agonías?

Usted que contó las horas de mi retorno,

Usted que fumando espera en el pórtico y en el desván ,

Usted señor, usted que conoce de finales

¿sabe acaso el significado de volar?.

No me responda,

es fácil intuir que conoce más de conceptos que de incertidumbres,

yo que pensaba que la ebriedad era por el alcohol;

jamás caí en cuenta que se puede estar ebrio de razón.

ASPASIA

26 marzo 2009

Espantapájaros

Poema 12
Se miran, se presienten, se desean, se acarician, se besan, se desnudan, se respiran, se acuestan, se olfatean, se penetran, se chupan, se demudan, se adormecen, se despiertan, se iluminan, se codician, se palpan, se fascinan, se mastican, se gustan, se babean, se confunden, se acoplan, se disgregan, se aletargan, fallecen, se reintegran, se distienden, se enarcan, se menean, se retuercen, se estiran, se caldean, se estrangulan, se aprietan se estremecen, se tantean, se juntan, desfallecen, se repelen, se enervan, se apetecen, se acometen, se enlazan, se entrechocan, se agazapan, se apresan, se dislocan, se perforan, se incrustan, se acribillan, se remachan, se injertan, se atornillan, se desmayan, reviven, resplandecen, se contemplan, se inflaman, se enloquecen, se derriten, se sueldan, se calcinan, se desgarran, se muerden, se asesinan, resucitan, se buscan, se refriegan, se rehuyen, se evaden, y se entregan.
Oliverio Girondo

24 febrero 2009

Leer después de Comer

Esperando
Muerte lenta,
muerte precisa,
muerte continua,
quizá mestiza.
Muerta de risa,
de llanto
Muerta de dolor y de pena,
muerta de incertidumbre,
de condena,
muerte con fecha asignada
con sarcófago y corona,
Muerta de amor,
de odio
y de muerte
Mala
La mirada de un diablo deforme
quema la carne de mis manos,
brujas y hombres lobos
fueron presas de la inquisición,
en aquel entonces
decían que los niñas buenas irían al cielo,
hoy las malas están en cualquier parte.
Las niñas buenas son aburridas,
frígidas madres de familia
que tapan con manteles y escarpines
las serpientes que comen sus talones.
A las malas, el placer y la suerte les sonríen,
se arriesgan y viven el absorto presente
de una condena anticipada
pero cuya sentencia jamás habrá de ensombrecer la fiesta
de quien goza a la luz del público.
Las niñas malas se quedan en la tierra,
comen y beben de la tierra
Eleonor
Aún con los ojos cerrados
me levanto de la cama, poso mis pies en un charco de sanguinolenta melaza.
La piel está cubierta de punzantes dolores provenientes de la metralla de tu cuerpo,
pantano lleno de sapos, podredumbre, larvas y sulfuro.
Lunas desmontadas con los dientes
niños sin ojos, ni bocas, ni manos,
productos de tu infierno,
y después…
caer,
caer,
caer.
ASPASIA

20 febrero 2009

La mala costumbre de escribir

quijote

Decía el poeta colombiano, Luis Vidales, que como escribir era lo más parecido a un parto, él siempre escribía acostado. Vidales tenía toda la razón: escribir, como parir, trae consigo: dolor, frustración, anhelo, placer, y mucha, pero mucha, transpiración -ya sea antes, durante o después de hacerlo. Escribir es lo más cercano que se puede estar a la creación como característica propia de los dioses, y a la que sólo puede accederse a través del arte o del sexo. Porque escribir nos hace más humanos y por lo tanto más vulnerables. Nuestro único indulto y aliciente será la palabra.

Me atrevo a pensar que escribir es el privilegio de una minoría a la cual, y ténganlo por seguro, no pertenezco;yo no sé escribir.

Para escribir ­-hablo de escribir bien- hay que manejar lo que considero es un arte de pocos; aunque sean muchos los que dicen saber hacerlo. Con el perdón de quienes dicen serlo, manifiesto que desconfío de todo aquel que se autocalifica: “escritor”. Pareciera que este título es garantía de prestigio y hasta de conquista porque hay quienes consideran que ser escritor es ser sexy o “hots”. Parafraseando a Sabines: “¿Por qué será que los escritores no tienen una estrella en la frente, o un resplandor visible, o un rayo que les salga de las orejas?”. De esa forma sería más fácil identificarlos.

Si te llaman escritor corres el riesgo de transformarte en la clase de hombres que dominan la técnica pero no la sustancia. Se puede escribir un informe, una nota o una carta, pero esto no será otra cosa que saber redactar. Escribir exige trabajo y disciplina, un sacrificio tan grande que quienes hacen de esto una profesión no pueden ser llamados sino locos. En la pluma no existe nada que apele a la razón, nada a lo que puedas asirte con seguridad mientras estás al borde del abismo; todo lo contrario, su ejercicio exige el más profundo de los sinsentidos porque trabajas con la mayor de las subjetividades, es decir las sensaciones humanas.

Ésta actividad no es otra cosa que una mala costumbre, tan mala como el fumador que se atreve a encender un cigarro en el hospital. Ese ser desalmado que no piensa en el resto sino en sí mismo, que vive para el placer inmediato pero que en el minuto siguiente necesita uno más para poder subsistir. Ese ser es el escritor, un hombre que posee la mala costumbre de apelar a las soledades, al egoísmo y al estigma de su propia perdición. Escribir es una pasión, que como las buenas pasiones, te consume y te redime, transformándote en un holocausto que ha de asarse mejor entre el dolor, la agonía y, muy pocas veces, la felicidad. Y se está solo. Aquí sólo habrá cabida para ti y tus demonios además de la introspección necesaria para reconocerte y reconocerlos. Una cita existencialista que algunos disfrutan estando a la luz de una vela, tomando una copa de vino y fumando pipa, aunque al final sólo hayan escrito una cuartilla.

Quien se atreve a vivir de este arte, se convierte en un soñador para quien la claridad sólo existe en los sueños y no en la realidad que se alimenta con la infranqueable búsqueda de la palabra perfecta que ha de expresar lo que quieres. Este es un camino en el que nadie puede ayudarte, mucho menos acompañarte, cada quien escogerá el suyo propio. Eso sí, este camino debería iniciarse desbordado en la ambición (por no decir autoengaño) de que sí puedes hacerlo porque gozas del talento y del conocimiento necesario. Mientras camines sospecha de todo y de todos, incluso de ti mismo pero jamás dudes de lo que produces.

Increíblemente, a estas alturas cuando crees saber de qué trata este arte, escribir se hace más difícil que cuando creías hacerlo sin el conocimiento necesario. Al parecer, cuando éste al fin llega no te queda más que reverenciar y temer a la escritura como si se tratara de un dios, para finalmente comprobar que quién tiene arte no necesita ni Dios ni religión, sólo basta con respetarlo y creer.

Si pensaban que esto se trataba de algunas palabras de aliento para quienes ven en esto un oficio, creo que se han equivocado de lectura; todo lo contrario, hasta ahora mi intención no ha sido otra que apelar a la desesperanza para quienes escribir no es otra cosa sino palabras y frases bellamente estructuradas. Honestamente, considero que no existen mejores palabras que las que un día escribiera Gustave Flaubert en sus correspondencias:

“trabaja, trabaja, escribe todo lo que puedas, tanto como tu musa te arrastre. Es el mejor corredor, la mejor carroza para avanzar en la vida. El cansancio de la existencia no nos pesa sobre los hombros cuando componemos. Es cierto que los momentos de fatiga y de descanso que vienen después son terribles; pero ¡mala suerte! Más vale dos vasos de vinagre y uno de vino que un vaso de vino aguado (…) ¡qué importan nuestras molestias, nuestros desánimos, nuestra lentitud de ejecución y el consiguiente malestar por la obra si siempre avanzamos! ¡Si subimos, qué más da el fin! ¡Si galopamos, qué más da el albergue! ¿No es este perpetuo sinsabor una garantía de delicadeza, una prueba de Fe? (…) Hay que escribir siempre si se desea. Trabajemos, pues, si nos lo dice el corazón, si sentimos que la vocación nos arrastra; en cuanto al éxito material, grande o pequeño, que podamos obtener, es imposible establecer ninguna predicción. Los más astutos (aquellos que presumen de conocer al público) se equivocan todos los días”.

12 febrero 2009

Celebrando al Enormísimo Cronopio

cortzar

Emprender la aventura de leer a Cortázar es experimentar un crepitar de carriolas sensitivas. Es ceder casi de forma macabra tus dominios de lector acomodado para transformarte en un invidente que danza descalzo al borde de un risco mientras un viento húmedo lava tu rostro. Y vuelas y corres. Con Cortázar sientes que vives, que subes y bajas mientras él te lleva de la mano afirmando que aún falta una vuelta más, un torbellino más. Retomas la ingenuidad perdida entre las páginas de la gente grande, entre autores duros, entre la gente seria forjadora de nexos lingüísticos que te obligó a crecer; pero él vuela a salvarte, sabe cómo traerte ante la inocencia pérdida, refresca tu memoria al mismo instante que descubre la sábana donde te esconderás para seguir leyendo y poder escuchar el susurro que dice que eres tú por quien él ha escrito.

Con Cortázar te vuelves un vagabundo para quien las palabras no son más que juguetes y malsana diversión. Se te vuelan los tapones. Puedes decir con orgullo que eres adicto a él, a sus historias, a sus libros, que has tomado café con la Maga, hablado de jazz y de saxos y de sexos o de las calles húmedas y grises de París. Para nadie es un secreto que el tiempo se derrite mientras crees que eres un verdadero cronopio pero que lo verde se te ocultan detrás de los cabellos, en medio de los párpados y en el pliegue interno de tu codo. Eso sí, no se lo digan a nadie éste es un secreto de Cortázar, míocortazar y si te atreves a jugar y ser confidente también puede ser tuyo.

Por mi parte, sólo me queda el compromiso de que hoy asaltaré una plaza para predicar su palabra. Con megáfono en mano leeré el único verbo divino, el único capítulo justo que salvará a todos los pecadores desde el Río de la Plata hasta el Delta del Orinoco (ni más ni menos porque esto es un casi un Arca de Noé):Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar”. Hoy seré misionero, malabarista y torero. Abordaré a las madres, a los hijos y a los locos. Haré algodoncitos impregnados de mate para despejar las frentes y eliminar el catarro. Donaré gatos a los ancianos para que al final todos al unísono cantemos una canción de cuna para empujar la última rayuela que se dibujó en mi mano.

Hoy hace 25 mundos que no estás y hasta hoy es que te encuentro.

11 febrero 2009

Nudo

“Todo amor es trágico.

El amor compartido muere de saciedad,

el amor no compartido de inanición.

Pero la muerte por inanición es más lenta y más penosa”.

Lou Andreas Salomé

Gira, retuércete,

busca mi cuerpo en el tuyo.

Muérdeme la lengua delatora,

quejidos y alaridos de bestia.

Deja que el volcán

entre en erupción

y desparrámate exhausta

sobre mi cadáver.

Enloquece conmigo, amor.

Suelta amarras

Deja volar fantasías

de adolescentes

pervertidas, febriles,

inocentes de toda religiosidad.

08 febrero 2009

Los Ojos de Narciso


23q

Para que una asunción sea posible hace falta un Dios.
Tú posees precisamente la belleza justa, la ceguera
y las exigencias convenientes para ocupar el lugar
de un Todopoderoso. He hecho de ti,
a falta de algo mejor,
la piedra angular de mi universo.
Marguerite Yourcenar


Preocupada, la ninfa Liríope acudió ante el viejo Tiresias para saber qué le depararía el destino a su hijo. La predicción del adivino fue muy sencilla: el joven podía alcanzar una larga y exitosa vida, siempre y cuando, no se conociera así mismo; sí esto ocurría, el hermoso Narciso moriría tempranamente.

Como la mayoría de las predicciones, poca atención prestó el joven al vidente; y así, como sucediera con Aquiles o Edipo, no pudo escapar a su destino. A las orillas de un lago conoció su reflejo y, en medio del más elevado y fuerte de los egoísmos, se enamoró del ser más hermoso sobre la tierra: Él Mismo. Fue ahí donde decidió que su cuerpo no estaría destinado a ninfa o diosa alguna, ni existiría otro objeto que anhelara más que su boca. Pero como todo amor inmenso y perfecto, paradójicamente, era un amor imposible porque realmente era un amor no correspondido. Entonces, cual si se tratara del último sacrificio de amor, el joven Narciso sucumbió ante la muerte y la incapacidad de no poder poseerse. Su lugar sería ocupado por una flor, evidencia silenciosa de aquella pasión.

El mito de Narciso nos sirve para ejemplificar lo que puede ocurrir, algunas veces, con el fenómeno que llamamos amor. Acá el sujeto de nuestros pasiones es determinado por una serie de gustos, que tienden a ser referentes nacidos en el imaginario del individuo, y lo que cada quien desde su pequeño universo considera cualidades ideales. Estas cualidades suelen estar constituidas a partir de un conocimiento previo, socialmente aceptado, institucionalizado y biológico. Al hablar de “parejas ideales” hablamos de lo que, en apariencia, funciona para cada uno de nosotros, es decir, ciertas características a las que respondemos positivamente y que asumimos como el amor ideal. Es así como para algunas mujeres el hombre perfecto será aquel que pueda protegerlas (cual si del padre extraviado se tratara) y con ciertas características físicas que refuercen esta idea: Alto, buenmozo, espalda ancha, exitoso y comprensivo, etc. Por su parte, algunos hombres consideran que la mujer ideal será aquella que responda a los requisitos (madre añorada) de cariñosa, considerada, atenta, y bella. También los hay quienes consideran que el amor se encuentra en su polo contrario (nefasta leyenda nacida de la tergiversación popular del mito platónico) donde las mitades opuestas se “atraen”. Por supuesto, con los seres humanos no podemos hablar de constantes inquebrantables, por lo cual estas características no son definitivas y pueden variar según sea el tiempo y las sociedades a las que se pertenezcan.

En conclusión, al amar corres el riesgo de no amar a una persona en particular sino su capacidad para proyectar tu propio reflejo (positivo o negativo), cual si de un último suspiro de Narciso frente al lago se tratara.

Lo curioso de este planteamiento es que dentro de la practica amorosa idílica y heredera del amor cortés y del eterno sacrificio, esta experiencia suele vivirse entre los límites de Eros y Tánatos, donde, objetivamente, nuestro fin nunca será pensar en el otro (aunque no se reconozca y se piense que lo vivido es "amor del bueno") sino en nosotros mismos y lo bello que somos cuando amamos. Sin el otro no somos capaces de existir porque sólo en él, gracias a su papel de espejo, podemos identificarnos y reconocernos. Y es en este punto, cuando los amantes suponen alcanzar el ideal de pareja: ser dos que se transforman en uno. En realidad lo que nacen de este acto caníbal son monstruos bicéfalos con hambres insaciables, donde pocas veces puedes encontrar huellas de los seres originarios.

Ante este panorama propongo como estrategia huir, ya que estos son dos senderos que conducen al mismo lugar: la desaparición física o simbólica del individuo. Como ocurre con Narciso, este debe morir ante la imposibilidad de alcanzar una unión total (aquí vale la pena recordar a Bataille cuando dice "el amor discontinuo pide muerte"); mas, en la unión de pareja, este ideal sólo podría ser alcanzado por la anulación o desaparición del otro y por lo tanto del reflejo que amamos. Toda una paradoja.
Aspasia
...
Tras la muerte de Narciso, la ninfa, Eco, quien siempre estuvo enamorada de él, desapareció dejando atrás las palabras que alguna ves pertenecieron a ambos:

Entre calles gastadas,
rostros cansados,
camino esta loca ciudad
a la espera de tu compañía.
Aquí estoy,
meciéndome,
leyendo y pensando
en esta extraña adicción
que lleva tu nombre.
Lee tranquilo
mientras velas mis sueños.